Capitulo ..1(?
Su favorita fue la rubia del centro, un maniquíes alto con cabellera larga y dorada, sus largas piernas parecían excepcionalmente esculpidas, podía ver los músculos tensados de las pantorrillas, como la piel descalza se arrugaba en los talones para soportar el peso, piernas largas que subían en un par de carnosos jamones por muslos, anchas caderas que abrazaban perfectamente un vestido azul que se ceñía a unas curvas casi irreales dándole un aspecto de barbie porno, pero lo que más le robaba la mirada eran esos dos colosales pechos, sin duda eran más grandes que la cabeza del propio maniquí, la tela se estiraba alrededor de los orbes tanto que la tela del vestido parecía estar a punto de ceder, y los detalles eran tan finos que incluso se marcaban pequeñas venas en sus pechos y podía ver los pezones sobresaliendo sensualmente de la ropa como dos botones duros y firmes que esperaban ansiosamente por ser apretados por algún afortunado.
Luego, un maniquí con rasgos asiáticos, delicada y esbelta en una sección que promocionaba ropa fiesta, cuya ropa se veía estirada por los generosos pechos de la figura, parecía lo contrario a la cabeza de honguito, si ella era las piernas y nalgas esta definitivamente seria los pechos.
—Si vas a trabajar aquí usaras algo mas apropiado— Sus ojos brillaban con un entusiasmo extraño, sus mejillas se veían rojas, esta loca sin duda disfrutaba de lo que le estaba haciendo, mientras lo despojaba de la última capa de ropa, dejándolo completamente expuesto en su nueva forma.
La transformación de Ethan comenzó en sus pies, sintió un cosquilleo incómodo mientras sus huesos (si es que aun los tenia) se alargaban y afinaban perdiendo su forma masculina, adelgazándose y moldeándose en algo más delicado. Sus talones se alzaron levemente, adquiriendo un arco pronunciado y elegante que parecía diseñado para lucir tacones. Los dedos se alargaron y suavizaron, con uñas perfectamente formadas que brillaban con un esmalte rojo intenso que no estaba allí antes.
Mientras Ethan, preso en su propia mente observaba todo como un mero espectador, incapaz de correr, de pedir ayuda, se había cansado y quedado sin aliento de tanto gritar, pero no necesitaba el aire, seguramente ya no tenia huesos, pero lo sentía todo, era un infierno estar pasando por algo que ningún chico (o ser humano) debería de pasar “Esto no puede ser real..." pensaba una y otra vez.
El cambio subió lentamente hacia sus pantorrillas. Los músculos se tensaron y delinearon, creando unas curvas irresistibles que parecían esculpidas por un artista obsesionado con la perfección. y cada vez que sentía cómo su piel se volvía sedosa e impecable, podía sentir cada uno de los bellos de su cuerpo enterrar en su piel, uno a uno, sentía como poco a poco el frio era mas notable, una mezcla de miedo y fascinación se apoderaba de él. “¿Por qué estoy disfrutando esto? ¡No quiero esto!” pensó, pero su mente estaba atrapada entre la incredulidad y una sensación de placer culpable. La piel adquirió un brillo sedoso, y las venas desaparecieron bajo una superficie impecable. Las pantorrillas fluyeron hacia unas rodillas finamente torneadas, que parecían hechas para atraer miradas de admiración.
Su trasero se llenó con una rapidez impresionante. Los glúteos crecieron y se redondearon, alcanzando unas dimensiones que eclipsaban las curvas de cualquier otra figura en la tienda, incluidas las de Jasmine y Brittany. Cada posición que la mujer maniquí haría con ese cuerpo sería una provocación pura, una obra maestra de la tentación.
Las caderas de Ethan se ensancharon de manera dramática, delineando una cintura que se estrechaba hasta un punto casi imposible. La proporción perfecta entre su cintura y sus caderas convertía su silueta en un reloj de arena de proporciones surrealistas. "Por qué siento que estoy atrapado en una fantasía perversa? ¡Esto no es mío, no lo quiero!” pensó, pero no podía negar la fascinación morbosa que sentía al experimentar su propia transformación.
Los muslos de Ethan comenzaron a expandirse, llenándose con una carne voluptuosa que se tensaba en proporciones exageradas. Cada centímetro de sus piernas irradiaba una sensualidad sobrehumana. Sus músculos se definieron con precisión, pero sin perder un ápice de feminidad. Se transformaron en columnas poderosas, pero atractivas, que parecían estar diseñadas para sostener un cuerpo que nadie podría ignorar, sabia que la transformación había alcanzado a sus muslos, y sus sospechas fueron confirmadas cuando Erica acaricio con descaro sus gordos y gelatinosos muslos
—Emili siempre fue la chica de los muslotes gordos, pero pienso que tu mereces tener el doble de ella querida, te veras tan hermosa— La mirada pervertida en la cara de Erica no se hizo esperar, parecía una maniática o una depredadora sexual, esto lo hizo preguntarse, acaso los maniquíes eran como el ?
No pudo pensar mas, pues la transformación avanzaba con rapidez y esta vez era turno de algo muy valioso para el chico.
Cuando el cambio alcanzó su sexo, Ethan sintió una sensación indescriptible, una ola de calor recorrió su cuerpo, se encontró jadeando y gimiendo mientras sentía como se formaba un orgasmo como nunca lo había sentido antes, nunca fue un tipo de hacer sonidos a la hora del sexo, sus propios ruidos traviesos le avergonzaban tanto, como si una energía poderosa alterara por completo esa parte de su ser. sintió como sus bolas eran succionadas al interior de su cuerpo mientras su pene se encogía poco a poco, lo que fue una poderosa erección había desaparecido, en su mente había alcanzado el pico de placer y jadeaba fuertemente, luchando por tomar aire, la sensación de vergüenza lo inundaba. Erica lo miraba con desdén y burla, como si supiera lo que estaba pasando.
—Lo se lo se querida, debo decirte, que el placer femenino no tiene comparación, estoy segura que disfrutaras mucho esto—
Lo que había sido desapareció por completo, reemplazado por una feminidad que irradiaba una atracción magnética. “No… ¡no pueden hacerme esto! ¡Esto no soy yo!” pensó, pero el placer culpable lo inundaba, y por un instante, un pensamiento oscuro cruzó su mente: “¿Y si me gusta?”
—Valla Ethan.. debo decir, que se ve mas estrecha de lo que pensé, me encanta la forma de tus nuevos labios—
Ethan estaba aturdido, el placer había sido abrumador, sentía los ojos pesados como si un cansancio se apoderara de el, aunque no pudiera cerrar los ojos, pero algo hizo que los abriera de golpe, o para el fue como si lo hiciera, sintió un calor entrando en su interior, una sensación invasora desconocida, un par de dedos finos, cálidos y largos inspeccionaban su recién formada vagina.
—jmmm nada mal, nada mal, como lo imaginaba, estas muy estrecha cariño— Erica se reía sin piedad
“Esto... esto es demasiado. ¡Me están convirtiendo en algo que no soy!” pensó, pero la sensación era tan intensa que por un momento se sintió casi hipnotizado por el cambio.
El vientre de Ethan se aplanó por completo, con músculos suaves y definidos apenas insinuados bajo la piel perfectamente lisa. No había ni un solo defecto, ni una imperfección que pudiera distraer de su belleza.
Cuando el cambio alcanzó su pecho, Ethan sintió una presión extraña antes de que emergieran dos curvas prominentes. Sus pechos crecieron hasta un tamaño que desafiaría cualquier lógica. Eran colosales, con una forma y firmeza imposibles de ignorar. La piel era tersa, y los pezones se destacaban con delicadeza bajo una fina capa de brillo natural. “¡Esto es demasiado! ¿Cómo esperan que viva así?” pensó, horrorizado, pero la sensación era tan intensa que su mente no podía procesar el conflicto interno que lo consumía.
El cambio avanzó hacia sus hombros y clavículas, que se suavizaron, adquiriendo una elegancia que contrastaba con su antigua complexión masculina. Sus brazos se transformaron en extremidades esbeltas y estilizadas, perfectas para lucir cualquier accesorio. Las manos, ahora finas y delicadas, estaban adornadas con uñas largas y carmesíes, completando la imagen de feminidad absoluta.
El cuello de Ethan se alargó ligeramente, adoptando una forma estilizada que irradiaba gracia. Su mandíbula se suavizó, perdiendo cualquier rastro de dureza masculina, mientras que sus labios crecían y adquirían una forma carnosamente perfecta, teñidos de un rojo seductor, sus ojos se agrandaron, se hicieron tierno, suaves y seductores.
Finalmente, su cabello comenzó a crecer. Mechones largos y ondulados de un amarillo intenso cayeron como una cascada, enmarcando un rostro que parecía esculpido por los dioses. Sus ojos se volvieron de un verde brillante, hipnótico, y sus pestañas se alargaron, añadiendo un toque de dramatismo a su mirada.
Cuando la transformación terminó, Ethan ya no existía. Frente a Erica estaba una nueva figura, una diosa viviente. Su cuerpo, una oda a la perfección, había sido diseñado para ser la nueva estrella de la boutique. Ethan había desaparecido por completo, reemplazado por la maniquí alfa, una creación que incluso Brittany y Jasmine no podían igualar.
Ethan se quedo helado, acaso ella, acaso ella podía escucharle? sintió un frio recorrer su espalda, esta loca no bromeaba, esta maldita desquiciada hablaba enserio, estaba temblando, aun si no podía temblar realmente, no podía hacer nada, estaba a su merced, solo agacho la cabeza, como un perro asustado y dejo que Erica continue probando los diferentes conjuntos en su nuevo cuerpo.
Ethan recordó su posición, se sentía humillado, —Lo siento señorita— dijo tímidamente y derrotado
— Jmmm mucho mejor querida, esta bien te voy a dar un pequeño premio por entender tan rápido que tal.. esto ? la ropa interior provocativa nunca viene de mas—
la bodega se llenó del eco de pasos cuando dos las empleadas llegaron, hablando animadamente hasta que sus ojos se posaron sobre la figura de Ethan, ahora completamente transformada en la deslumbrante maniquí. Vestida con el elegante vestido negro que dejaba su espalda al descubierto y acentuaba sus curvas de manera dramática, era imposible no fijarse en ella. Ambas mujeres se detuvieron en seco, con la boca ligeramente abierta por el asombro.
—¿Qué es esto? ¡Es magnífica! —dijo una, acercándose casi con reverencia.
—¿Cómo se llama? —preguntó la otra, sin apartar la mirada de la figura.
Erica, quien observaba todo con una sonrisa de satisfacción, se cruzó de brazos y dijo con tono triunfal:
—Ruby. Se llama Ruby.
Las dos empleadas intercambiaron miradas emocionadas antes de acercarse aún más. Una de ellas alargó la mano para tocar el brazo de Ruby, maravillándose de lo suave y cálido que parecía, a pesar de ser de "plástico". La otra siguió su ejemplo, acariciando los contornos de las caderas y las curvas impecables del maniquí.
Ethan, atrapado en su nuevo cuerpo, sentía cada contacto como si su piel real estuviera siendo acariciada. Un escalofrío de vergüenza y confusión recorrió su mente. "¡¿Por qué puedo sentir esto?! ¡Soy de plástico, no deberían poder tocarme de esta manera!" pensó, pero sus sentidos estaban amplificados. Podía oír los suspiros de admiración de las empleadas, sentir la presión de sus manos y, para su horror, incluso percibir su propio aroma: un perfume natural suave y embriagador que lo hacía sentirse más vulnerable, olía como ellas, olía como una verdadera mujer.
—Es como si estuviera viva... —dijo una de las empleadas, dejando que sus dedos recorrieran la clavícula perfectamente moldeada de Ruby.
—¡Es más que eso! —respondió la otra, con un brillo coqueto en los ojos—. Es una diosa.
Erica río suavemente al escuchar los comentarios de las mujeres y chasqueó los dedos.
—Bien, chicas, suficiente. Llévenla a la vitrina. Quiero que todos se maravillen con nuestra nueva estrella.
Ambas asintieron emocionadas y comenzaron a mover a Ruby con cuidado. Una se colocó detrás, dejándola caer mientras la otra la sujetaba suavemente por la espalda, mientras la otra la tomaba de la piernas. Ethan sentía como toda su línea de visión daba vueltas, mientras era cargado por las dos chicas.
—Vamos, preciosa. Hay que exhibirte como te mereces. —La mujer que la guiaba le guiñó un ojo, como si realmente esperara una respuesta.
Durante el trayecto hacia la vitrina, las empleadas no podían evitar mirar a Ruby. cuando llegaron al lugar señalado, las empleadas se reunieron alrededor de la nueva modelo, acariciaban sus brazos, ajustaban el vestido, y una incluso se inclinó para inspeccionar cómo quedaban los tacones que le habían puesto.
—Mira esas piernas, ¡son perfectas! ¿Quién necesita a Brittany o Jasmine con Ruby aquí? —dijo una, soltando una risita mientras le daba una palmada juguetona en el muslo.
Ethan estaba mortificado. Sentía cada toque, cada mirada intensa como si estuvieran invadiendo su espacio personal. "¡Deténganse! ¡No soy una muñeca, soy un hombre! ¡Esto es humillante!" gritaba en su mente, pero su cuerpo no podía responder.
—Eres un sueño hecho realidad, Ruby, ¿sabes? —susurró la otra, mientras acomodaba el cabello rubio intenso que caía en ondas perfectas por la espalda de Ethan.
Finalmente, La luz del escaparate se encendió, bañando a Ruby en un resplandor que realzaba cada detalle de su figura. Las empleadas la colocaron en el centro, rodeándola de otros maniquíes que ahora parecían insulsos en comparación.
—Así está perfecto. —La primera empleada dio un paso atrás para admirar su obra.
—Sí, pero... no sé. Me gustaría que pudiera sonreírnos, ¿verdad? —dijo la otra, con un tono juguetón, antes de guiñarle el ojo a Ruby una vez más.
Ethan, atrapado en su prisión de belleza, no podía más que mirar a través de la vitrina, observando cómo las empleadas se alejaban mientras seguían murmurando sobre lo impresionante que era. Dentro de él, una mezcla de vergüenza, impotencia y miedo lo invadía. Pero lo peor era el creciente temor de que, después de todo, su nuevo papel como Ruby no terminaría pronto.
Ethan estaba atrapado en la vitrina de la plaza, su visión fija pero clara, viendo cómo las personas pasaban una tras otra. Algunos hombres se detenían, fascinados por la sensual figura que él ahora era. Sus miradas estaban cargadas de deseo, y Ethan sentía cada uno de esos ojos como cuchillos en su autoestima. "No soy esto... ¡No soy esto!" pensaba, aunque su cuerpo de plástico permanecía inmóvil.
Pero su tormento alcanzó un nuevo nivel cuando escuchó una voz familiar. Su corazón—o lo que quedaba de él—pareció detenerse. Era su novia. Ella estaba ahí, en la tienda, preguntando por él con una mezcla de preocupación y frustración en su voz. Ethan gritó desesperadamente dentro de su mente:
"¡Aquí estoy! ¡Mírame! ¡Por favor, voltea y dime que me ves!"
Las empleadas negaron con naturalidad, diciendo que no lo habían visto, y su novia pareció aún más preocupada. Erica salió de la boutique, con tristeza y preocupación mientras pensaba.
—Seguramente se escapó de nuevo. Este chico no tiene remedio.
Ethan quería llorar. "¡No! ¡No es verdad! ¡Estoy aquí! ¡Mírame! ¡Por favor, ayúdame!"
Pero sus gritos eran inútiles. Nadie podía escucharlo. Erica estaba a punto de seguir su camino cuando su mirada se detuvo en la vitrina. Sus ojos se abrieron con asombro, y su boca se curvó en una sonrisa de admiración.
—Oh, pero mira eso... —dijo con un tono cual niña pequeña, mientras se dirigía hacia el maniquí vestido en el elegante vestido negro.
—¡Es hermoso! —comentó, acercándose
Ethan sintió un calor incómodo, como si el comentario de su novia lo expusiera más de lo que ya lo estaba, se sentía como si estuviera haciendo algo mal, era como si su novia lo buera pillado travestido en publico.
La chica como toda una fanática de la moda, no pudo contener su emoción y olvidándose de su novio por un momento, volvió a entrar a la tienda, quería ese vestido,
Erica, la encargada de la tienda la recibió nuevamente y la atendió personalmente.
—Por supuesto cariño, niñas, ayúdenme a desvestir a Ruby por favor—
—Tienen nombre?— pregunto La novia de Ethan con curiosidad
—Claro que si querida, todas mis niñas en Erica´s tiene su nombre, todas son únicas—
La cabeza de Ethan volvió a dar vueltas cuando las chicas giraron la muñeca con una sonrisa que parecían ocultar algo mas, rápidamente, las dos empleadas comenzaron a desvestir a la muñeca, para mala suerte del chico, los transeúntes comenzaron a acercarse para admirar el espectáculo, para ojos de muchos, pareciera que una estrella porno se estuviera desnudando lista para otra sesión, de no ser por su postura rígida, uno pensaría que una hermosa y despampanante mujer estaba desnudándose en pleno centro comercial.
—Mira Ruby eres muy popular— dijo una de las empleadas girando a Ethan para darles un buen vistazo de su enorme y gordo culo, para Ethan esto era una verdadera humillación, no los podía ver, todo lo que podía ver era a su novia que la miraba con una expresión de vergüenza y curiosidad, su novia Erica, no pudo evitar sentirse un poco nerviosa y algo incomoda al ver a tremenda mujer o.. maniquí ?
desnudándose frente a ella, sus torneadas piernas, largas subían por sus muslos gordos que se ensanchaban en unas caderas que fácilmente podrían ser el doble de la chica, un vientre plano y bien cuidado que toda chica soñaría con tener, incluso la propia novia de Ethan se sintió celosa, por ella misma tener un poco de pancita, nada realmente grabe, pero era algo que ni la dieta ni los ejercicios podían eliminar.
las empleadas se entretuvieron un poco con la nueva muñeca, tomándose selfis mientras una apretaba los enormes y brillantes pechos de la muñeca. Ethan estuvo consciente en todo momento, estaba cachondo, pero el placer venia acompañado de ira y vergüenza, como es posible que su amada novia lo viera así, estaba frente a ella, solo tenia que caminar, abrazarla y salir de allí, puso todas sus fuerzas en ese pensamiento, pero su nuevo cuerpo no recibía la señal por mucho que su mente se esforzara, era inútil, atrapado como una muñeca porno, a unos cuantos pasos de su amada.
Erica, su novia, quien se había sentido un poco incomoda por ver a la muñeca desnuda, dirigió su atención a la encargada quien le entregaba su cambio, estaba por salir del lugar feliz con su nuevo vestido en mano, cuando su rostro se puso rojo de la pena.
—Acaso esa.. es?— dijo llevando su mirada pasmada a ese punto
la encargada hizo sonar sus tacones a medida que camino hasta estar a un lado de la muñeca, con una mano no visible para la novia de Ethan, apretó su nalga de una forma violenta pero tan deliciosa, que puso tan cachondo a Ethan por dentro que no pudo evitar gemir pesadamente, por un momento se olvido de ser hombre, por un momento se olvido de su novia, simplemente podía sentirlo todo, y se sentía tan rico.
—Por supuesto. Estas muñecas son de la más alta calidad. Tienen... bueno, todo lo de una mujer.—
agrego la encargada quien miraba a la Muñeca con una mirada cómplice y una sonrisa traviesa.
La novia de Ethan se sonrojó y apartó la mirada con una risita nerviosa, murmurando algo sobre lo realista que parecía. Ethan, en cambio, se hundía en una mezcla de vergüenza ,desesperación y muy en el fondo, un placer tan culposo como adictivo. "¿Cómo puedes hablar de esas cosas con ella aquí? ¡Es mi novia! ¡Esto es una pesadilla!"
Antes de irse, su novia observó al maniquí una última vez y comentó:
—Es realmente hermosa. Casi parece viva.
Ethan quería gritarle la verdad, pero todo lo que pudo hacer fue observar cómo salía de la tienda sin saber que su novio estaba atrapado en el cuerpo que tanto admiraba.
Cuando la puerta se cerró tras ella, las empleadas comenzaron a prepararlo para un nuevo atuendo. Ethan sintió el aire fresco contra su "piel", como si realmente estuviera desnudo. La vergüenza lo invadió mientras las mujeres comentaban sobre su figura, riendo y admirando su "cuerpo".
—¿No es perfecta? —dijo una mientras acomodaba las prendas sobre el mostrador.
—Más que eso. Es casi demasiado buena para ser cierta —respondió la otra, mientras deslizaba un nuevo vestido por los hombros de Ethan.
Ethan quería desaparecer. La humillación de estar expuesto, de ser tratado como un objeto, era insoportable. Pero antes de que pudiera perderse en sus pensamientos, Erica se inclinó hacia él, susurrándole al oído con una sonrisa perversa:
—Muy bien, Ruby, vamos por el conjunto número uno. Solo quedan... ¿noventa y nueve más? Jajaja.
Ethan sintió una mezcla de ira, miedo y resignación. "¿Esto será mi vida ahora? ¿Un maniquí eterno, vestido y desvestido como un muñeco? ¿No hay escapatoria?"
Mientras el segundo conjunto era colocado sobre él, Ethan trató de cerrar su mente. Pero la realidad era cruel: podía ver, oír, sentir... incluso oler su propio perfume. Cada prenda que le colocaban era un recordatorio de su nueva vida, de su nuevo cuerpo.
"Por favor... alguien, quien sea... ¡ayúdame!" pensó una vez más. Pero sabía que nadie lo escucharía. Con cada risa de Erica y cada comentario de las empleadas, la esperanza de Ethan se desvanecía poco a poco.
—bienvenido a tu nueva vida y a tu nuevo cuerpo.
Me encantó la historia, deberías de continuarla <3
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